miércoles, 17 de febrero de 2010

Daniel el PT I

Hay amistades tontas, pero tontas, tontas. Supongo que el aburrimiento veraniego ayuda a sustentarlas. Solo eso explicaría una amistad que podría resumirse en esta línea de conversación:

-Eres un soso, tío.

_Anda que no.

Mi amistad más tonta del 2009 estival fue Dani el PT. Dani era profesor de educación especial. Normalmente PT significa Pedagogía Terapéutica. Para mí, Dani el PT era igual a: “Dani el Profesor Traumatizado”. Aquel hombre no estaba bien.

Recuerdo la noche de San Juan y su secuencia de hechos: quedé con él y sus amigos; como un soso necesita a otros sosos para no ser el más soso de ellos y destacar, sus amigos decidieron que cenar apalancados en el sofa viendo la tele ya había sido suficiente juerga por San Juan y recibí estupefacta el siguiente mensaje en mi móvil: “ Mis amigos están cansados y no quieren salir, y yo estoy muerto también. ¿Tu estás muerta?” Muerta me quedé.

Supongo que el cabreo por haberme quedado tirada 5 minutos antes de la hora acordada, toda arreglada y mona, me contuvo de responder cosas como “Sí, estoy muerta, te hablo desde el tanatorio. Mueve tu culo gordo que llegas tarde, y se me están apagando las velas.”

Imagino que aunque luchemos por la igualdad, aún existen algunas diferencias entre hombres y mujeres, y desde luego, cuando una es una mujer coqueta y presumida, arreglarse para quedar implica algo más de 5 minutos y hacerlo para acabar poniéndose el pijama sin pisar la calle antes puede no ser el objetivo. Un rato de secador, sombra aquí, sombra allá, maquíllate, maquíllate, y elegir el vestido adecuado requiere un esfuerzo y no, no importa que estés igual de fea que al principio: hasta quedar mal implica un tiempo.

Así que cuando aquel traumatizado anuló la cita, me cabreé y mucho. Surgió así el tira y afloja vía sms. El, que ya estaba en su casa, insistía en venir a recogerme y vernos. Y yo intentaba hacer gala de mi asertividad recién aprendida con frases como “¿Crees que voy a volver a vestirme otra vez sólo porque tú quieres? No eres el único que decide aquí.” Pero dió igual. Mi asertividad de papel cuché me llevó a arreglarme de nuevo y bajar a verle cuando plantó su coche en mi acera y amenazó con no moverse de allí hasta que bajara.

He de reconocer que hubo un momento mientras estaba con él que me conmoví. Mis ganas de venganza aflojaron cuando él me dijo que ya estaba en la cama cuando me propuso venir a recogerme. (Había pasado una hora entre mensajes y pelea antes de finalmente vernos.) Me conmoví. Soy así: una blanda. Se había salido de la cama sólo para verme porque yo estaba enfadada y aunque medio cerebro mío pensaba en lo gilipollas que resultaba quedar, desquedar, meterse en la cama y salirse para venir ante la sencillez de simplemte no haber anulado la cita, la otra mitad se emocionaba ante semejante gesto pensando: "Vaya. Este chico responde bien a la presión".

Así que estaba yo a punto de perdonarle, cuando de repente llegamos a mi calle y paró el coche para dejarme sólo una hora después. Podría decirse que "me habia sacado a pasear" durante una hora de reloj. Sesenta malditos minutos en los que me hubiera cagado en él y su madre minuto a minuto. Aquella noche me había arreglado dos malditas veces, ¡por dios! Había tardado más en arreglarme que en verle. De modo que cuando paró hábilmente en el único sitio de mi barrio donde no se podía charlar relajadamente cinco minutos antes de despedirse, en doble fila en plena calle transitada, Amy Winehouse apareció en la radio con su canción “rehab”, para darme la clave coreando: “no-no-no”. No, Dani, no. (continuará)

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